“Nunca se cambian las cosas luchando contra la realidad existente. Para cambiar algo, hay que construir un nuevo modelo que haga obsoleto el modelo existente”
Buckminster Fuller
Tiempos de transformación
A inicios del siglo XX, la ciencia pasó del determinismo al indeterminismo, abandonando el paradigma mecanicista newtoniano en favor de la complejidad cuántica. De forma análoga, el reto de las organizaciones del siglo XXI es migrar desde su aún dominante concepción mecanicista hacia su comprensión como sistemas sociales complejos.
Ahora bien, como señala Fuller, no se trata de luchar contra el paradigma existente, sino de coexistir con él, hasta superarle y hacerle obsoleto, forjando organizaciones con niveles de consciencia y patrones de comportamiento en un equilibrio superior.
Y estos procesos ocurren en los espacios liminales, de coexistencia entre paradigmas, entre lo conocido y lo desconocido, donde se ponen en cuestión certezas y convicciones, surgen conexiones inesperadas y germinan nuevas perspectivas para abordar los problemas. Son entornos propicios para la experimentación y la generación de nuevas ideas, desde la multidisciplina y el pensamiento divergente. En definitiva, los espacios liminales aportan el sustrato fértil donde las ideas pueden ser exploradas, cuestionadas y refinadas antes de convertirse en innovaciones concretas.
Hacia la Tercera Dimensión de la Innovación: las Personas
Por tanto, estamos en un tiempo crucial para concebir cambios y transformaciones radicales, las que van a lo fundamental, a lo esencial, a la “raíz”, desde la creatividad y la innovación.
En el paradigma industrial la innovación ha crecido en dos dimensiones -los productos/servicios y el mercado/modelos de negocio- y con un propósito finalista: lograr resultados tangibles. Ahora bien, el paradigma del conocimiento, sustentado en lo intangible, nos añade nuevas demandas. Necesitamos habilitar la capacidad de aprendizaje, creación e innovación de las personas en el marco del sistema social complejo que ahora caracteriza a las organizaciones.
Aparece así lo que en Emergentes denominamos como “la tercera dimensión de la Innovación”, la Innovación en Personas. Una nueva dimensión, centrada en las personas, las relaciones y los liderazgos, cuyo propósito no es solo lograr respuestas tangibles de futuro, sino ser un fantástico medio para transformar la cultura de la organización, su intangible por antonomasia. Es una innovación “sistémica” desde, por y para las personas, para potenciar la dimensión humana del sistema organizacional, impregnando a todas sus escalas. Tiene, además, enormes sinergias positivas con las dos dimensiones clásicas.
¿”Cómo” propiciar esta Tercera Dimensión de la Innovación?
La Innovación Sistémica
La innovación viene condicionada por el paradigma organizacional donde se desarrolla. Por ello, y hasta ahora, sus prácticas han sido frecuentemente verticales, de “arriba-abajo”, desde el liderazgo tradicional y/o desde “fuera-adentro”, vía consultorías externas, todo ello muy condicionado por las estructuras organizacionales rígidas y sus silos.
Ahora, ante la complejidad de los escenarios y problemas, necesitamos una nueva concepción de la innovación que busque transformar no solo productos o procesos específicos, sino el sistema completo en el que opera. Hablamos así de la innovación “sistémica” sustentada en procesos orgánicos, de “abajo/arriba” y de “dentro-afuera”, que emergen en red, desde la máxima participación y colaboración de las personas de todo el sistema.
Es una innovación “emergente” que genera el microclima adecuado para identificar y activar los potenciales desaprovechados, tanto individuales como colectivos. Logra, además, producir flujos de innovación espontánea y orgánica, cocreada desde la diversidad y la suma de visiones, propiciando respuestas de futuro con impacto tanto dentro, como fuera del sistema organizacional. Con ella, la transformación cultural se autogenera, haciendo evolutiva y sostenible a la organización.
¿Cómo podemos lograr que la innovación sea el ADN de nuestra organización?
Dos enfoques para la Transformación Cultural
En Emergentes contamos con dos “enfoques” para la transformación, complementarios y sinérgicos, que aplicar de forma separada o conjunta según la situación y las necesidades de cada organización:
La Inteligencia Colaborativa
Cuando una organización dispone un orden explícito y se quiere actuar “dentro” de ella, en cualquiera de sus escalas (personas, relaciones, organización), nuestro enfoque es la Inteligencia Colaborativa. Ésta nos facilita transformar, sistémicamente y en el ritmo requerido, tanto la mentalidad de las personas, como las relaciones y las estructuras sistémicas. Es una transformación “evolutiva”.
Ampliar info: Inteligencia Colaborativa: 6 cuestiones relevantes
La Participación Consciente.
Cuando nos enfrentamos a entornos “multiactor”, sin orden explícito como, por ejemplo, un ecosistema de empresas o un sistema social ante un problema de alta complejidad y escala, nuestra propuesta es la Participación Consciente, un método sistémico para impulsar y conducir procesos de transformación social y cultural. Con ella, podemos crear y gestionar, de forma metódica y ágil, las nuevas estructuras sistémicas necesarias para propiciar la creación de futuro y el camino hacia una Cultura de Innovación sostenible.
