Tres enormes Desafíos
Para transitar en un espacio liminal, debemos abrirnos a tres grandes disciplinas, interrelacionadas entre sí, que nos van a ayudar a reconceptualizar cómo percibimos, pensamos y actuamos. Representan tres desafíos a superar, y son clave imprescindible para ir avanzando ordenadamente desde las realidades organizacionales actuales, sustancialmente apoyadas en visiones mecanicistas, hacia sistemas vivos y sociales, de alta complejidad, sobre los que explorar y descubrir las nuevas formas de pensar y hacer que necesitamos.
“Creo que siglo XXI será el Siglo de la Complejidad”
Stephen Hawking (23-01-2000)
Primer Desafío: Comprender la Complejidad
La disrupción digital de las últimas décadas ha cambiado radicalmente las fronteras del espacio, la conectividad y el tiempo en nuestro mundo. Ha transformado profundamente nuestro modo de vivir y relacionarnos y ha abierto paso a un paradigma emergente, la Era del Conocimiento, cuyo signo más característico es, sin duda, su contexto de “hiper-complejidad” o “Complejidad” con mayúscula.
Tanto la complejidad como la incertidumbre han existido siempre en la humanidad, pero no con la magnitud que genera este nuevo paradigma. Todo está conectado con todo y fluye más rápido, en abundancia, en todo tipo de formas inteligentes, instantáneas y sin límites espaciales. La complejidad crece casi exponencialmente, abriendo escenarios cada vez más inciertos y volátiles.
No es casual que haya surgido una disciplina específica, las Ciencias de la Complejidad o sean ya cotidianas expresiones como “problemas de alta complejidad” o complejidad “maligna, perversa o retorcida”.
El impacto en las organizaciones es enorme. Nuestras formas de percibir, pensar y hacer, basadas en la dominante mentalidad analítica y cartesiana, que tan buenos resultados y formidable progreso han logrado en la Era Industrial, están claramente desbordadas por esta Complejidad.
Este es el primer desafío: comprender la Complejidad para, después, poder ordenarla y gobernarla con nuevas formas de pensar y accionar.
“Necesitamos una nueva forma de pensar para resolver los problemas causados por la vieja forma de pensar”
Albert Einstein
Segundo Desafío: Procesar la Complejidad
Estamos esencialmente anclados en nuestra vieja visión mecanicista del mundo, donde reina el pensamiento cartesiano. Un marco de pensamiento extraordinariamente útil en los sistemas simples o complicados, con estructuras y funciones claras y cuyas relaciones causa-efecto son detectables con facilidad. Su éxito en el desarrollo de la Era Industrial ha sido evidente.
Sin embargo, en la realidad compleja con que hemos de lidiar ahora, este marco de pensamiento –analítico, reduccionista y determinista– es disfuncional, e incluso contraproducente. En los sistemas complejos, con gran número de elementos, estructuras dinámicas que permiten múltiples interacciones y funciones intrincadas es imposible averiguar las relaciones “causa-efecto” o adoptar enfoques tipo “problema-solución”. Y nuestras organizaciones son hoy eso: sistemas sociales complejos.
Para afrontar estas realidades complejas, surgió a mediados del siglo XX, una nueva disciplina, el Pensamiento Sistémico (“Systems Thinking”). También conocido como pensamiento complejo o de síntesis. Es holístico, expansionista y contextual. Cuestiona el mecanicismo en la ciencia y la sociedad y tiende puentes entre disciplinas sociales, biológicas y tecnológicas. Su aplicación permite encontrar reglas y series de patrones y sucesos que nos permiten experimentar y prepararnos para el futuro e influir en él, de alguna manera, para ser funcionales en estas nuevas realidades.
¿Cómo ampliar nuestra mentalidad cartesiana…?
La necesidad es clara, pero pocas cosas son más difíciles de “cambiar” o “ampliar” que nuestras estructuras mentales. Firmemente asentadas tras muchos años de creencias, valores y experiencias, están imbricadas con nuestra propia identidad y las utilizamos inconscientemente. Es “el mundo” con el que hemos crecido y en el que sabemos movernos intuitiva y automáticamente, nuestra “zona de confort”.
Así, nos encontramos ante el segundo desafío: ampliar nuestro marco mental para incorporar el Pensamiento Sistémico.
Gracias a él, podemos gestionar los escenarios y problemas complejos, desde nuevas miradas a la realidad y la adquisición de nuevas prácticas, herramientas y hábitos. Tras el primer desafío (“percibir” y “comprender” la Complejidad), con el pensamiento sistémico y sus distintas prácticas y métodos, vamos a poder “procesar y gobernar” la Complejidad.
Tomar consciencia de nuestros modelos mentales limitantes y transformarlos, es una competencia diferencial. Hablamos de “ampliar” nuestra mentalidad porque ambos patrones de pensamiento -el cartesiano y el sistémico- son necesarios y útiles y han de coexistir. Hemos de aprender a discriminar, en función del tipo de problemas y escenarios en que actuemos y sus grados de complicación o complejidad, cuándo aplicar uno u otro o, frecuentemente, ambos.
“Los cambios más importantes que ocurren en los sistemas son los cambios de mentalidad”
Giles Hutchins
“Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos”
Eduardo Galeano
Tercer Desafío: Resignificar la Colaboración y la Participación
Tanto por la multifactorialidad e interdependencia de la Complejidad, como por la multiperspectiva que requiere el Pensamiento Sistémico, estos nuevos escenarios son imposibles de gestionar solo desde inteligencias individuales y miradas analíticas.
Ello nos conduce, inexorablemente, al tercer desafío: resignificar la Colaboración y la Participación, para movilizar los potenciales en nuestras organizaciones, entendidas ya como sistemas complejos, cómo organismos vivos y sociales.
Paradójicamente, toda organización atesora un inmenso potencial, desconocido y, por tanto, no aprovechado. Descubrirlo y activarlo desde nuevos liderazgos conscientes es la clave para construir su futuro, transformando sus operaciones, estructura y cultura.
Se trata de generar una disrupción en los marcos mentales de las personas que conforman la organización, para develar los liderazgos naturales y fomentar nuevos formatos colaborativos y participativos que aprovechen toda la riqueza de conocimiento y de visión que poseen, mediante la interacción metódica. Los escenarios complejos requieren esfuerzos inteligentes de colaboración y participación para poder generar respuestas que sean viables y sostenibles en el tiempo.
Es decir, necesitamos incorporar “nuevas formas de hacer” para canalizar eficazmente la interacción ordenada y efectiva de mentes diversas, hacia un modo de pensar transformador y un modo de actuar sistémico, imprescindibles para comprender, procesar y co-crear en “lo nuevo”. Lograr organizaciones que colaboren inteligentemente e impulsen la participación comprometida es un desafío ambicioso, pero clave para navegar en el futuro de Complejidad que es ya nuestro campo de juego.
“No podemos dirigir el viento, pero sí ajustar las velas. No podemos predecir las tormentas, pero sí estar preparados para ellas”
Consciencia ampliada: hacia una Cultura de Innovación
¿Cómo lograr que personas y organizaciones alcancen este triple desafío, esta “tríada virtuosa”?
Alcanzar e integrar estos desafíos descritos pasa por generar una auténtica Consciencia Ampliada en las cuatro escalas del sistema organizacional: en las personas, en sus relaciones, en su estructura sistémica y en el ecosistema donde se nutre y crece.
Implica trabajar progresivamente en nuestros patrones mentales y ampliar nuestros niveles de consciencia para activar los potenciales, individuales y colectivos, que nos permitan estar preparados para responder ante las nuevas realidades. Estamos, en definitiva, ante un proceso profundo de transformación hacia una Cultura de Innovación, imprescindible en los sistemas sociales complejos que son hoy las organizaciones.
A diferencia de cualquier otra característica, la Cultura de una organización es prácticamente imposible de replicar. Así, la Cultura se revela como la ventaja competitiva definitiva en esta nueva era de hipercomplejidad en la que navegamos.
Ahora bien, transformar la Cultura de un sistema social es también un problema de “alta complejidad”, que exige un proceso consciente, bien diseñado y ejecutado. Necesitamos entender la cultura “desde dentro” para producir un movimiento de transformación orgánica también “desde dentro”.
En las siguientes secciones, exponemos la estrategia y acciones que desarrollamos en Emergentes para acompañar a cada organización a cocrear e instaurar, desde la práctica cotidiana, la nueva cultura que necesita para estar preparada y generar su propio futuro.
La Cultura de Innovación, la ventaja competitiva definitiva en tiempos de hiper-Complejidad
