En un Espacio Liminal

Ver lo que está delante de nuestros ojos exige un esfuerzo permanente

Atravesamos un “espacio liminal”, un lugar de transición entre dos paradigmas, la era industrial dominante y la emergente era del conocimiento.

Es un territorio inexplorado e incierto, en el que afloran todo tipo de tensiones entre las distintas formas de percibir, pensar y actuar que caracterizan a cada paradigma.

Sin embargo, pese a ser un espacio confuso, donde las organizaciones experimentan riesgos e inseguridad por múltiples factores, también es el sustrato donde germina la creatividad, emerge el talento y ebulle la innovación, la misma que, tarde o temprano, irá definiendo su posición y estrategia de futuro.

¿Cómo navegar en este territorio…?

Un paradigma emergente, la Era del Conocimiento y otro en declive, la Era Industrial, coexistiendo a duras penas en un espacio liminal marcado por tres grandes desafíos: la Complejidad, el Pensamiento Sistémico y la Colaboración-Participación.

El momento actual es clave para reinventar las relaciones colaborativas y evolucionar las organizaciones

Emergen Tres enormes Desafíos

Creo que el siglo XXI será el Siglo de la Complejidad

Podemos prepararnos para transitar este espacio liminal abriéndonos a tres grandes disciplinas, interrelacionadas entre sí. Para resignificar cómo percibimos, pensamos y actuamos: la Complejidad, el Pensamiento Sistémico y la Colaboración.

Surge la necesidad de evolucionar nuestras organizaciones desde la actual visión mecanicista hacia una visión sistémica, como respuesta a la complejidad creciente.

Comprender la Complejidad

El rasgo esencial de la era del Conocimiento es su “hiper-complejidad”, derivada en gran medida de la disrupción digital.

Complejidad siempre ha existido pero, ahora, con una realidad interconectada y acelerada, su magnitud y enredo desborda nuestras asentadas formas de comprensión, analíticas y cartesianas, fruto de la era Industrial.

La Ciencia de la Complejidad, una disciplina emergente, abre camino para que personas y organizaciones podamos adquirir nuevas formas de acercamiento y comprensión de esta nueva realidad y responder a los escenarios inciertos y complejos.

Nuestras organizaciones son sistemas complejos.

Comprender la Complejidad, es un paso imprescindible para gobernarla, desde una nueva forma de pensar y accionar

Procesar la Complejidad

Cuando nos acercamos a los sistemas complejos se hace evidente la necesidad de nuevos métodos y herramientas para su proceso. El pensamiento cartesiano, tan útil en sistemas simples y complicados, es ineficaz ante la Complejidad.

Necesitamos transitar de una visión mecanicista a una visión sistémica, que amplie nuestros marcos mentales, nuestra visión del mundo. Con este fin surge, a mediados del siglo XX, el Pensamiento Sistémico, disciplina también conocida como pensamiento complejo o pensamiento de síntesis.

Con el pensamiento sistémico podemos comprender la organización en su totalidad, como un sistema complejo y dinámico de elementos interconectados. Ya no analizamos las partes de forma aislada, sino que nos centramos en entender las relaciones y patrones entre ellas, así como la estructura y patrones mentales que la sustentan.  

“Ver” de forma sistémica requiere práctica y apertura. Nos facilita la identificación de soluciones más efectivas y sostenibles al tener en cuenta el contexto más amplio y las consecuencias potenciales de las acciones en el largo plazo.

Integrar la perspectiva sistémica es un paso necesario para procesar la Complejidad.

Necesitamos una nueva forma de pensar para resolver los problemas causados por la vieja forma de pensar

Movilizar los potenciales

Las organizaciones son ahora imposibles de gestionar solo desde inteligencias individuales y miradas analíticas. La multifactorialidad e interdependencia de la Complejidad y la multiperspectiva que requiere el Pensamiento Sistémico, necesitan de la suma de la diversidad.

Así, el tercer desafío es resignificar la Colaboración y la Participación. La interacción metódica, efectiva y diversa es esencial para generar respuestas viables en escenarios complejos.

Toda organización atesora un inmenso potencial, desconocido y no aprovechado. Necesitamos un liderazgo consciente, con apertura, para descubrirlo y activarlo. El liderazgo consciente, con foco en las personas y las relaciones, nos permite construir un nuevo futuro de la organización, transformando sus operaciones, estructura y cultura.

Movilizar los potenciales implica generar una disrupción en la mentalidad de las personas que conforman la organización, para develar los liderazgos naturales y fomentar nuevas formas de colaboración y participación que aprovechen toda su riqueza de conocimiento y visión.

Somos lo que hacemos para cambiar lo que somos

Consciencia ampliada: Cultura de Innovación

¿Cómo abordar este triple desafío, esta “tríada virtuosa”?

Necesitamos realizar un cambio de perspectiva y acceder a una consciencia ampliada en las cuatro escalas del sistema organizacional: en las personas, en sus relaciones, en su estructura sistémica y en el ecosistema donde se nutre y crece.

Esto implica transformar nuestros patrones mentales y estructuras para activar el potencial individual y colectivo y construir una Cultura de Innovación, que sea capaz de responder a la hiper-complejidad del mundo actual.

Transformar la cultura es un proceso complejo, pero esencial para preparar a las organizaciones y garantizar su futuro. Y, a diferencia de otros factores organizacionales, es imposible de replicar.

La Cultura de Innovación,
la ventaja competitiva definitiva en tiempos de Complejidad.

 

No podemos dirigir el viento, pero sí ajustar las velas. No podemos predecir las tormentas, pero sí estar preparados para ellas

La Cultura de Innovación, la ventaja competitiva definitiva en tiempos de Complejidad